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La idiotización de la prensa llega a los videojuegos

Cada vez somos más idiotas. Es duro, pero es algo en lo que creo que muchos estamos de acuerdo. El acceso a la información ha hecho que, en muchos casos, no haga falta buscarse la vida y tengamos lo que deseamos en bandeja, reduciendo así mucho la capacidad de buscar y analizar opciones, o de hacer una síntesis entre varias opciones. Este es un primer paso hacia la situación actual. El siguiente fue la capacidad de leer/ver/escuchar solo que queremos, reduciendo totalmente, además, la capacidad de crítica a su mínima expresión, es decir, nos convierte en idiotas, y ya ha llegado a la industria del videojuego.

Recuerdo con nostalgia mi cada vez más lejana juventud, en la que esperar con ansia los días clave en los que las revistas iban llegando a la tienda de la toda la vida para leer e informarme. Había algunas claramente orientadas a un público concreto (revistas oficiales, por ejemplo), pero, por lo general, siempre he preferido los medios generalistas (fan de HobbyConsolas durante muchos años). Medios que aportan un punto de vista que, al menos en teoría, es imparcial y que se basa en datos y opiniones lo más objetivas posibles. Fue una época muy buena, con una ilusión que no se encuentra en los medios digitales, al estar informado al segundo de lo que ocurre en el mundillo. Esta inmediatez con la llegada de internet hizo que los medios en papel entraran en una grave decadencia que los ha convertido en algo casi anecdótico. Ahora, para ser «alguien» había que estar en la red.

Este cambio, al menos, no cambió mucho los roles, tan solo el formato, y muchos de los periodistas de los medios físicos se pasaron al medio digital sin ningún problema. Al final, la información seguía siendo eso, información, solo que más inmediata y en un formato no físico. Análisis con datos y opiniones objetivas de, en la mayoría de los casos, periodistas titulados, que sabían perfectamente escribir y transmitir un mensaje al lector de una forma profesional y correcta. A pesar de la falta de ilusión de antaño y a las dichosas filtraciones, creo que estaremos todos de acuerdo en que los lectores hemos salido ganando con el cambio a formato digital… al menos hasta ahora.

La llegada de la redes sociales, así como de YouTube han dado lugar a nuevas formas de comunicación, unas formas que no siempre son las correctas. Antes, al leer una revista o un medio digital compuesto por periodistas, se daba importancia a la objetividad y al rigor. No era nada fácil llegar al lector, y solo se podría hacer a través de editoriales. Además, era la única forma de acceder a esta información, por lo que, lógicamente, se esperaba un mínimo de calidad. La llegada de internet ha hecho que no solo sea más fácil acceder a la información, sino también se ha facilitado mucho la divulgación de la misma. Esto tiene una parte positiva, y es la inmediatez, pero también tiene un punto negativo que está alcanzado su punto álgido en los últimos tiempos, y es que cualquiera puede ser un informador. ¿Por qué ha de ser negativo? Obviamente no siempre lo es, pero en el momento en que las redes sociales llegan y permiten que el lector pueda leer únicamente la opinión que le interese se convierte en algo peligroso.

Primero fueron los «troles» de internet, aunque éstos todavía podían hasta resultar graciosos… salvo cuando la «gracia» era hacer un spoiler de algún título importante, jodiendo y mucho la experiencia. En este caso la solución solía ser bastante fácil:

Más tarde surgieron los blogs personales, una de las partes, sin duda, más positiva de esta digitalización. Blogs personales de gente que únicamente contaban experiencias u opiniones sobre un determinado tema. Siempre dejando claro que sí, es un blog personal. Luego llegaron las webs de gente no profesionales, en cuyo caso ya se veía algo de intrusismo respecto a los verdaderos periodistas… pero nos esperaba una lacra mucho peor: YouTube.

YouTube ha sido, sin duda, el gran fenómeno de los últimos años. Algo que comenzó como un experimento de un par de amigos para compartir sus vídeos ha logrado toda una revolución. Así, en los últimos años ha surgido la figura del YouTuber, el nuevo sueño de todos los niños (lejos quedan los astronautas o bomberos ya). Esta figura comenzó como un hobby para muchos, pero que ha llegado a ser todo un bombazo. Los primeros YouTubers fueron chicos jóvenes que únicamente se grababan mientras jugaban y aportaban su opinión, si más pretensión. Como los antiguos blogs pero en un formato, para muchos, más cómodo, ya que no no es necesario leer un texto, solo escuchar y ver. Además, este formato hace que no solo tengamos que imaginar el videojuego en cuestión en nuestra cabeza mediante la descripción en texto, sino que podamos verlo mientras el YouTuber de turno nos da detalles o su opinión sobre el mismo. Todo parecen ventajas, ¿no?

Yo, lo reconozco, nunca he sido fan del fenómeno YouTuber, principalmente porque prefiero jugar antes que ver y porque prefiero el formato texto a un vídeo, pero en los últimos tiempos las razones para no consumir este tipo de contenido han ido a más. De estos primeros YouTubers que grababan vídeos como hobby pasamos al fenómeno YouTuber. Al fin y al cabo, es un trabajo «fácil», tan solo hace falta una cuenta de YouTube y una cámara. Ya podemos ir encargando el Ferrari. Esto ha dado lugar a que miles de usuarios se hayan lanzado a la red para compartir sus opiniones y comentarios. Por lo general, gente sin ningún rigor ni titulación periodística, algo que no es malo cuando se trata de un hobby, pero que sí que llega a ser «peligroso» cuando se quiere triunfar sea como sea y se miran los números y estadísticas. Así, tenemos vídeos sobreactuados para intentar llegar al mayor público posible, situaciones absurdas o incluso forzadas para destacar entre todos los que comparten el mismo sueño de «dinero fácil». Y no, tampoco funciona. La solución en los últimos años para triunfar parece ser muy clara, y es «idiotizarse», ofrecer contenido de nula calidad periodística, pero grandes cotas de lo que en internet se conoce como «flame». Según Wikipedia: Un flame —a veces traducido al español como desahogo, puñal o flamazos—​ consiste en un mensaje deliberadamente hostil o insultante enviado sin ningún propósito constructivo. Yo también lo suelo llamar «soltar mierda sin tener ni puta idea», ya a gusto del lector la definición. Y este es el resultado:

¿Qué se consigue con esto? Aumentar el odio en internet y privar de la gente de crítica constructiva en favor de alimentar su ego. Es decir, si tengo una PlayStation 4, solo quiero que alguien me diga que mi PlayStation 4 es la mejor y los que se han comprado una Xbox One no tienen ni puta idea, ¿por qué? Porque yo soy el más listo. Hace años esto era imposible, ya que incluso las revistas asociadas a un medio intentaban ser lo más parciales posibles (sin ocultar su predilección por la plataforma que les da de comer), pero ahora las redes sociales y YouTube permiten una cosa muy peligrosa, y es leer o ver solo lo que nos interesa. Con esto la información sale perdiendo, y se evita que el lector «piense» y tenga un pensamiento crítico, incluso que sea capaz de disfrutar de la variedad de opciones que tiene delante.

El gran ejemplo de esta idiotización lo tenemos en un YouTuber que, a base de soltar mierda, ha logrado ser, por desgracia, conocido por todos. Aquí alguna de sus opiniones (no, obviamente no voy a enlazar a su canal oficial):

Esto únicamente lleva a una desinformación y a tratar al usuario como idiota… pero crea seguidores, y hace que éstos sean fieles a estas posturas radicales que no aportan absolutamente nada. Recuerda, «lo mio es lo mejor», y, además, podemos leer únicamente esta opinión, sin necesidad de pensar demasiado o entrar en debate. Sí, también lo predijeron Los Simpson.

La otra gran vertiente surgida es la de tratar al jugador como idiota, con frases forzadas y sobreactuando en todo momento para intentar llegar a un lenguaje de «colegas» que funciona especialmente bien en niños.

Todo esto tiene un gran problema derivado del éxito, y es que las compañías responsables son conscientes de este éxito, y en los últimos tiempos estamos viendo como los regalos, press kits y envío de copias promocionales a casi cualquier YouTuber son una constante, a la vez que la prensa escrita por verdaderos periodistas va perdiendo apoyo, por lo que se recurren a prácticas similares o al clásico clickbait, en el que ofrecer un titular llamativo, que no tiene por qué estar relacionado con la información, con el único objetivo de atraer los «clicks» de los visitantes, que pasa a ser el objetivo principal, y no la información. Hoy en día, parece que solo medios como Games Tribune (revista de la que ya hablé) apuestan verdaderamente por la información

Disfruto mucho de los videojuegos, y lo sigo haciendo, pero estoy de acuerdo con muchos que afirman que la comunidad alrededor de este mágico hobby cada vez es peor. Personalmente, casi prefería la época en la que éramos «frikis raritos» y no «gamers». A esta intoxicación de la comunidad está contribuyendo la prensa y los YouTubers, creando jugadores que apuestan por el odio por encima de la diversión y que no saben, ni quieren, mirar más allá de sus córneas. Por favor, volvamos a apostar por la información, ya tenemos demasiados periodistas inútiles en medios deportivos o incluso generalistas, no convirtamos también a los jugadores en idiotas. No nos convirtamos en esto.

Publicado elArtículosDestacadosOpinión

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