¿Tiene Microsoft el futuro en sus manos?

“Vamos a echar una pley. Esta seguramente sea una de las frases más repetidas por los jóvenes y ya no tan jóvenes en las dos últimas décadas. No hay duda de que PlayStation ha sido la dueña total y absoluta del mercado en estos últimos años y, si echamos la vista atrás, en cada generación desde el lanzamiento de la consola original en 1994 (un año más tarde en Europa). Pero, ¿está Microsoft cocinando a fuego lento el relevo en esta hegemonía?

Aunque todavía algo lejano, la generación actual (hace tiempo que dejó de ser la “next gen”) está llegando a su fin, y los rumores sobre las nuevas consolas se suceden. Es obvio que tanto Sony como Microsoft están trabajando en las sustitutas de PlayStation 4 y Xbox One, aunque de una forma bastante diferente, y Microsoft quiere cocinar su futuro a fuego lento.

PlayStation lleva dominando el mercado durante 4 generaciones. La primera PlayStation llegó con paso firme y consiguió herir casi de muerte a SEGA y su Saturn y dejó en un segundo plano a Nintendo y los “anticuados” cartuchos de Nintendo 64. Su sucesora, PlayStation 2, se encontró con la infravalorada Dreamcast primero, y después con la también infravalorada GameCube y la llegada de Microsoft a las consolas con Xbox, un armatoste que prácticamente incluía un PC y que se convirtió en la consola más potente de la época. La siguiente generación dejó en la cuneta a Nintendo en cuanto a guerra de potencia y comenzó con una Microsoft que, ahora sí, había creado una máquina capaz de rivalizar con PlayStation 3. Xbox 360 salió en 2005 y lo hizo con un gran catálogo exclusivo y la facilidad de programación como bandera. Además, en esta generación fue Microsoft quién aprovechó los errores iniciales de Sony con frases poco acertadas (el mítico “la generación empezará cuando nosotros queramos”) y el encarecimiento de la consola debido al lector de Blu-ray, además de la falta de juegos. En esta ya pasada generación la balanza se igualó entre ambos gigantes, con una Xbox 360 que mejoraba en prácticamente todos los elementos a su rival. Solo en la fase final de la generación PlayStation 3 consiguió remontar el vuelo. Y llegamos a la actual generación, una generación en la que Microsoft se suicidó incluso antes de empezar. Xbox One nació muerta. Una consola cara debido a Kinect, con una potencia notablemente inferior a la de su rival a la que, por si fuera poco, Microsoft se empeñó en rematar con el anuncio de unas prácticas abusivas: necesidad de estar conectada siempre a la red y la limitación del mercado de segunda mano (lo que incluso llegó a dar lugar a mofas por parte de Sony):

Vía libre para PlayStation 4. Además, parece que Sony aprendió de sus errores y, ahora sí, ofreció una consola potente, con un mando muy mejorado y un excelente catálogo de exclusivos. Si a eso le unimos que “la pley es la pley“, tenemos una generación dominada, casi sin rival, por PlayStation 4.

Microsoft supo solventar los errores de Xbox One reduciendo las limitaciones, eliminando Kinect y sacando, ahora sí, la consola más potente de la historia: Xbox One X, todo un prodigio tecnológico en diseño y arquitectura… pero es tarde. Esta batalla está perdida, y en Microsoft lo saben… pero no se van a rendir. En los últimos tiempos hemos visto muchos movimientos en la división de Xbox orientados, parece, a lavar la cara de la compañía… ¿O quizá nos están preparando para el futuro?

La medida más “inmediata” para esta generación fue la unión del Xbox y Windows 10 con Xbox Play Anywhere. Así, Microsoft ganaba millones de usuarios potenciales para sus títulos, intentando aumentar el mercado debido a las bajas ventas de Xbox One. Esta medida no fue bien acogida por todos los jugadores, especialmente por los poseedores de una Xbox One, que veían como sus juegos dejarían de ser exclusivos para conformarse con un “exclusivo de consola”. Además, ¿quién querría comprarse una Xbox One pudiendo jugar a todos sus exclusivos en Windows 10? No les falta razón, de hecho esta polémica sigue presente hoy en día. Desde el punto de vista de la compañía, eso sí, queda claro que su objetivo es llegar al mayor número de jugadores, sea en su hardware o en su sistema operativo.

Otra gran medida fue el lanzamiento de Xbox Game Pass, un servicio de suscripción que ofrece el acceso a más de 100 juegos por unos 100€ al año. Este servició comenzó con la nada despreciable cifra de 111 juegos entre títulos de Xbox 360 y Xbox One pero, además, Microsoft ha ido añadiendo juegos de forma regular y, por si fuera poco, anunció que todos sus first-party estarían disponibles el mismo día del lanzamiento a través de Xbox Game Pass. Y sí, todos es todos. Los jugadores de Game Pass ya pudimos disfrutar de Forza Horizon 4 como parte de la suscripción desde el primer día de forma completa. ¿Se resintieron las ventas? Pues no, Forza Horizon 4, a pesar de estar disponible con la suscripción a Xbox Game Pass, fue el título de la saga con el mejor lanzamiento. Parece que la estrategia no ha salido mal. El próximo mes tendremos disponible, también de lanzamiento, Crackdown 3, e incluso ya se ha anunciado que Gears 5 o Halo Infinite formarán parte de Xbox Game Pass y de Xbox Play Anywhere.

Finalmente, en los últimos meses hemos visto cómo en Redmond han sacado al talonario a pasear con la adquisición de un gran número de estudios, entre los que se encuentran nombres importantes como Undead Labs, Ninja Theory, Obsidian Entertainment o Playground Games. Entre estos estudios están algunos de los talentos más destacados del sector en los últimos tiempos, que han dado lugar a títulos como State of Decay, Forza Horizon 4, Hellblade: Senua’s Sacrifice o Pillars of Eternity. Fichajes, sin duda, de renombre que ahora pasan a forma parte de Microsoft como estudios first-pary. Más músculo para la marca Xbox.

Estas 3 medidas parecen, al menos en mi opinión, preparar el futuro de la marca Xbox (incluyendo a Windows 10) y cocinar, aunque a fuego lento, un futuro de lo más prometedor. Por un lado, la unión de Xbox y Windows 10 con Xbox Play Anywhere aumenta la cifra potencial de jugadores en millones y, además, evita que los jugadores de Xbox estén “atados” a un hardware si ya disponen de un equipo potente con el último sistema operativo de Microsoft instalado. Un juego actual necesita de una gran inversión, y Microsoft tiene en su mano llegar al mayor número posible de jugadores de una forma fácil y sencilla. De hecho, es la única que puede permitirse dar a elegir a los jugadores entre su hardware o su sistema operativo. En ambos casos, Microsoft gana. La compra de estudios supone la entrada de nuevo talento a la división de juegos de la compañía, lo que debe aumentar el número y la calidad de sus exclusivos con el objetivo de plantar cara a su rival justo en el apartado en el que éste destaca. Este puede ser un punto muy a favor en el futuro, aunque a día de hoy no tengamos nada más allá de la ilusión. Para el final dejo Xbox Game Pass ya que, en mi opinión, supone una apuesta mucho más fuerte, incluso, que la adquisición de estudios de renombre. Xbox Game Pass es el all in de Microsoft, una mirada al futuro de los videojuegos en el que, por mucho que nos duela a los más “románticos”, el formato físico acabará desapareciendo más pronto que tarde. Con este servicio Microsoft gana adeptos y los mantiene enganchados a su consola con una lista de juegos casi interminable y la promesa de no perderse ningún AAA propio. ¿Os suena? Sí, algo parecido a lo que ofrece Spotify en cuanto a música o Netflix en cuanto a películas y series. ¿Nos está enseñando Xbox el futuro?

Es obvio que Microsoft sigue, a día de hoy, pagando sus errores garrafales en el inicio de la generación, pero no es menos cierto que los últimos meses el trabajo de la compañía está siendo excelente y, ahora sí, tanto Windows 10 como Xbox One son opciones totalmente recomendables para cualquier jugador. Más allá de eso, personalmente creo que todas estas acciones tienen la intención no solo de “arreglar” la imagen de Xbox One, sino de dar a conocer a la marca Xbox entre los jugadores y ganar adeptos para la futura generación de Microsoft. Una consola con la última tecnología y con una potencia acorde (como Xbox One X), cargada de títulos exclusivos gracias a los nuevos estudios, que no necesariamente necesita de hardware nuevo si tenemos Windows 10 y con una suscripción para disfrutar de una lista de grandes títulos por un precio, a todas luces, irrisorio. ¿Irresistible? Para mí, desde luego, lo sería. 

Autor entrada: Antonio Gila